"Quienes se niegan a creer en el amor a primera vista -sin duda- nunca lo han experimentado" - aseguraba ella.
Y así era. Nadie podría convencerla de lo contrario. No a ella, que aún fantaseaba con flechas y Cupidos aleteando por los jardines de cualquier ciudad. Ella, que había tenido la oportunidad de vivir en su propia persona esa mágica sensación que produce el encuentro con tu alma gemela.
Soñaba y rememoraba con asiduidad aquella noche de junio en la que se vieron por primera vez; su sonrisa nerviosa, su tímida mirada y la dulzura de cada uno de sus gestos. Desde aquella esquina de la mesa, bajo la tenue luz del antro y con una fría birra en su mano, lo observaba. Ahí comenzó todo.
Un todo y un nada que la dejaría sumergida durante meses en un caos de sentimientos y emociones encontradas. Y es que, a pesar del silencio, ya no podría dejar de pensar en él.
Aquella casual coincidencia marcaría su antes y después.
Un después que llegó, sí, quizá de un modo ya no tan fortuito, pero igualmente fascinante e incierto.
Ahí estaba de nuevo: su voz, su cabello, su risa.
Recuerda aquel concierto benéfico con inmensurable ternura. Una atmósfera plagada de conversaciones corrientes, con gestos y palabras que lo encerraban todo. Una nueva ocasión en la que los relojes se detenían, y en la que ella deseaba permanecer en su burbuja por tiempo indefinido. Como Cenicienta al final del baile, también ella acarreaba el yugo de su partida; miedos y preocupaciones ante el desconcierto y la incertidumbre.
"Dejarse llevar". Vetusta Morla lo tenía claro. Como indudable era para ella correr de vez en cuando esos riesgos; los que te erizan la piel y dejan el alma al descubierto.
De no haber sido así, nada de aquello hubiera sucedido.
Aún hoy confunde sueño con realidad. Cierra los ojos y se descubre con él, frente a frente, de la mano, o sentados en un banco de madera en el parque de su barrio. A solas, con amigos o rodeados de una multitud de gente tarareando versos y estrofas. En casa, en el Prado, en taxi o en avión. Degustando comidas elaboradas en la calle o compartiendo deliciosas meriendas familiares. Despierta o durmiendo se imaginaba con él, compartiendo, viviendo, proyectando. Así quería verse, con la misma admiración y deseo del primer día. Con la ilusión de respirar segundo a segundo esa esencia que la envolvía a cada instante que pasaba con él.
Así era. Así fue. Así es.
Internista y soñadora. Natural de un lugar llamado mundo. Creciendo, aprendiendo, compartiendo y dejándome sorprender
martes, 1 de septiembre de 2015
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Nuevo Año
Así es. Cualquier momento debiera ser
oportuno para detenerse y reflexionar.
No obstante, quizá sea hoy -el último día
del año- el que nos ofrezca esa ocasión para hacer recuerdo de lo que ha sido y
soñar con lo que será.
A mí me sucede. Y la única preocupación
que encuentro en este momento es no saber si hallaré el modo y la
capacidad para expresar y transmitir toda mi gratitud por este año que nos
deja.
Un 2014 de profundos cambios, nuevas
experiencias y multitudinarias despedidas. De mudanzas, festejos, idas y
venidas… Un año de amistades, viajes, inolvidables conciertos, trabajo en equipo. De nuevas llegadas
al mundo y tristes partidas.
Gracias Murcia, por formarme y acogerme
durante los 5 mejores años de mi vida. Gracias Bolivia, por enseñarme,
descubrirme y mostrarme otras realidades, por modelarme como persona y ser mi
casa estos últimos meses. Gracias Ballart,
por tu desinteresada amistad, por todo lo que hemos vivido, reído y compartido.
Gracias Granada -mi gran familia- por el recibimiento y la espera; por el calor
del hogar, la entrega y la unidad. Gracias a ti, Dani, por tu inmenso cariño
y desbordante ternura, por cada instante contigo; por ser parte de mi vida y
acompañarme en el camino. Y gracias a todos y cada uno de vosotros que, de algún modo, habéis hecho posible el transcurso de este 2014.
Ahora, un sólo deseo para el Nuevo Año
que comienza. Que el 2015 sea generoso en trabajo, salud y prosperidad. ¡Que
sigamos compartiendo vida y emociones!
Brindemos por la felicidad, el amor, la
esperanza… Por las gratas sorpresas que están por llegar y todos esos sueños e ilusiones por cumplir; por los encuentros y reencuentros. Por la certeza de que comienza y nos aguarda una nueva aventura...
¡¡Feliz Año Nuevo!!
jueves, 13 de noviembre de 2014
Hermes
¿Sabes? Recuerdo muy bien aquel día. Lo recuerdo tan nítida y vívidamente que casi se me antoja presente.
Aquello fue "amor a primera vista". Lo tuve claro cuando te vi. Eras el más grandecico y dorado de la camada. Te así entre mis brazos y nos fuimos para casa.
Apenas te mantenías erguido. El resbaladizo suelo de la cocina te hacía difícil llegar al tazón de leche. Entonces, buscabas cobijo entre los pies de mamá, que fregaba los platos.
Y de este modo fue como -fugazmente- dejé mi infancia para ejercer de madre. Quizá ya olvidaste aquellas noches que pasaba en vela tratando de dar consuelo a tus quejidos. Te abrazaba hasta que te quedabas dormido.
Entre juegos y reprimendas crecimos y aprendimos juntos. Tere superó su alergia y miedo a los canes, y Jose se molestaba cada vez que le hurtabas alguno de sus Playmobils. Papá disfrutaba refregando chorizo en tu hocico, haciéndote a escondidas pequeños bocatas de jamón y queso; y mamá se disputaba contigo el mejor espacio junto a la estufa. A pesar de sus protestas, la querías mucho; no te separabas de ella.
Las noches de tormenta y los días de festividad con fuegos artificiales no había manera de encontrarte en la casa. Creo que era lo único que te daba espanto en esta vida. Bueno, no, también la veterinaria.
Te gustaba ir a la playa y corretear por el campo. Jugar con la pelota, buscar, olfatear, encontrar... Traernos con orgullo cualquier "tesoro escondido".
Siempre admiré tu independencia y espíritu libre. Sabías hallar tu propio espacio, sin olvidar nunca a dónde pertenecías.
La inteligencia es un don que ni siquiera todas las personas poseen... Tú aprendías rápido, por ti solo. Sabías demasiado, ¡pequeño briboncillo!. Mamá siempre decía que sólo te faltaba hablar.
Al igual que a nosotros, te entristecía el retorno de las Navidades y el regreso de cualquier viaje. Ansiabas la hora de tus paseos y esperabas con paciencia -asomado al balcón- la llegada de papá. Te fascinaba corretear a los gatos y buscar caricias a la hora de la siesta.
Salir de casa para estudiar y trabajar fuera no fue fácil para nadie. Quizá yo te extrañaba en exceso, y esperaba con ilusión los fines de semana de reencuentro.
Crecimos. Y pese al paso (y peso) de los años, seguías presumiendo de ese ánimo vivaracho y jovial.
Gozaste de salud, serenidad y una alegría desmesurada.
Hoy lamento el transcurso del tiempo y su fugacidad.
Aquí lleva días lloviendo. Gran parte tristeza, y otro tanto desconsuelo.
Sólo quienes nos conocieron saben lo que significabas -significas- para mí. Ahora, más que nunca, me pesa esta distancia y el no haber tenido la oportunidad de acompañarte, de despedirme de ti.
Agradecida quedo por estos años -maravillosos e inolvidables años- que nos has brindado con tu fiel compañía. Porque has sido parte indispensable de la familia. Gracias por acompañar nuestros pasos; por toda una vida de risas y juegos a tu lado.
Te quiero mucho, Hermes. Hasta pronto mi estrella; hasta siempre mi sol*
Aquello fue "amor a primera vista". Lo tuve claro cuando te vi. Eras el más grandecico y dorado de la camada. Te así entre mis brazos y nos fuimos para casa.
Apenas te mantenías erguido. El resbaladizo suelo de la cocina te hacía difícil llegar al tazón de leche. Entonces, buscabas cobijo entre los pies de mamá, que fregaba los platos.
Y de este modo fue como -fugazmente- dejé mi infancia para ejercer de madre. Quizá ya olvidaste aquellas noches que pasaba en vela tratando de dar consuelo a tus quejidos. Te abrazaba hasta que te quedabas dormido.
Entre juegos y reprimendas crecimos y aprendimos juntos. Tere superó su alergia y miedo a los canes, y Jose se molestaba cada vez que le hurtabas alguno de sus Playmobils. Papá disfrutaba refregando chorizo en tu hocico, haciéndote a escondidas pequeños bocatas de jamón y queso; y mamá se disputaba contigo el mejor espacio junto a la estufa. A pesar de sus protestas, la querías mucho; no te separabas de ella.
Las noches de tormenta y los días de festividad con fuegos artificiales no había manera de encontrarte en la casa. Creo que era lo único que te daba espanto en esta vida. Bueno, no, también la veterinaria.
Te gustaba ir a la playa y corretear por el campo. Jugar con la pelota, buscar, olfatear, encontrar... Traernos con orgullo cualquier "tesoro escondido".
Siempre admiré tu independencia y espíritu libre. Sabías hallar tu propio espacio, sin olvidar nunca a dónde pertenecías.
La inteligencia es un don que ni siquiera todas las personas poseen... Tú aprendías rápido, por ti solo. Sabías demasiado, ¡pequeño briboncillo!. Mamá siempre decía que sólo te faltaba hablar.
Salir de casa para estudiar y trabajar fuera no fue fácil para nadie. Quizá yo te extrañaba en exceso, y esperaba con ilusión los fines de semana de reencuentro.
Crecimos. Y pese al paso (y peso) de los años, seguías presumiendo de ese ánimo vivaracho y jovial.
Gozaste de salud, serenidad y una alegría desmesurada.
Hoy lamento el transcurso del tiempo y su fugacidad.
Aquí lleva días lloviendo. Gran parte tristeza, y otro tanto desconsuelo.
Sólo quienes nos conocieron saben lo que significabas -significas- para mí. Ahora, más que nunca, me pesa esta distancia y el no haber tenido la oportunidad de acompañarte, de despedirme de ti.
Agradecida quedo por estos años -maravillosos e inolvidables años- que nos has brindado con tu fiel compañía. Porque has sido parte indispensable de la familia. Gracias por acompañar nuestros pasos; por toda una vida de risas y juegos a tu lado.
Te quiero mucho, Hermes. Hasta pronto mi estrella; hasta siempre mi sol*
viernes, 22 de agosto de 2014
A Tere (La Respuesta)
Leo y releo tus palabras... No imaginas la complejidad a la que me enfrento. ¡Ojalá pudiera igualmente expresar con tanta claridad lo que siento!
Sí, yo también me sigo emocionando, aún continúo siendo de "lágrima fácil", y me sigo encariñando con cualquier animalito de la calle. Enfadarme, me enfado menos. Quizá no he alcanzado con nadie la confianza suficiente como para hacerlo. Sigo pasando demasiado tiempo frente al espejo, y me he aficionado a las infusiones hasta límites insospechados... "tó se pega" :)
Entiendo tu vértigo e incertidumbre. Apenas acabo de pasar por ello. Confieso que aún hoy continúo con esa misma sensación. Si alguna vez te fueron de utilidad mis consejos, en esta ocasión te diría que vivas y aproveches con intensidad y máximo entusiasmo estos últimos meses de formación tutelada. Nunca se acaba de estudiar y aprender, pero los días que dejas como residente sólo pasan una vez; ¡disfrútalos!.
También te sugiero que trabajes con constancia y plena entrega a tus pacientes. Jamás te desilusiones, y no dejes de escuchar y acompañar.
Cultiva tu capacidad de crítica y razonamiento. Sé perseverante, tolerante y -ante todo- optimista.
Entre otras cosas, en estos meses, estoy tomando conciencia del significado de la auténtica vocación. Ser médico es mucho más que un trabajo o una dedicación. Es un estilo de vida.
Por aquí ya sabes, todo marcha bien. Naufrago en una alternancia de calma y ajetreo laboral. Hay tiempo para todo, incluso para la soledad.
Son muchas las cosas que se echan de menos, las conversaciones, los recuerdos.
De cuando en cuando recibo noticias de la gente. Siempre se agradece esa cercanía; sentirse próximo aun en la distancia.
A papá y a mamá diles que sí, que como y duermo lo necesario para sobrevivir, que no viajo sola y que siempre me acompañan de regreso a casa. A Jose también lo extraño, mucho, su ingenioso humor y hasta su temperamento. Cuídame a Hermes, procúrale tranquilidad y sed permisivos con él, que también se lo merece. Se echa en falta su compañía.
Me voy despidiendo, que es hora de dormir. Con esto del cambio horario a ti te quedará poco para despertar. Sigue insistiendo, fantaseando, viajando, enamorándote y charloteando.
¡Que tengas un buen día!*
Sí, yo también me sigo emocionando, aún continúo siendo de "lágrima fácil", y me sigo encariñando con cualquier animalito de la calle. Enfadarme, me enfado menos. Quizá no he alcanzado con nadie la confianza suficiente como para hacerlo. Sigo pasando demasiado tiempo frente al espejo, y me he aficionado a las infusiones hasta límites insospechados... "tó se pega" :)
Entiendo tu vértigo e incertidumbre. Apenas acabo de pasar por ello. Confieso que aún hoy continúo con esa misma sensación. Si alguna vez te fueron de utilidad mis consejos, en esta ocasión te diría que vivas y aproveches con intensidad y máximo entusiasmo estos últimos meses de formación tutelada. Nunca se acaba de estudiar y aprender, pero los días que dejas como residente sólo pasan una vez; ¡disfrútalos!.
También te sugiero que trabajes con constancia y plena entrega a tus pacientes. Jamás te desilusiones, y no dejes de escuchar y acompañar.
Cultiva tu capacidad de crítica y razonamiento. Sé perseverante, tolerante y -ante todo- optimista.
Entre otras cosas, en estos meses, estoy tomando conciencia del significado de la auténtica vocación. Ser médico es mucho más que un trabajo o una dedicación. Es un estilo de vida.
Por aquí ya sabes, todo marcha bien. Naufrago en una alternancia de calma y ajetreo laboral. Hay tiempo para todo, incluso para la soledad.
Son muchas las cosas que se echan de menos, las conversaciones, los recuerdos.
De cuando en cuando recibo noticias de la gente. Siempre se agradece esa cercanía; sentirse próximo aun en la distancia.
A papá y a mamá diles que sí, que como y duermo lo necesario para sobrevivir, que no viajo sola y que siempre me acompañan de regreso a casa. A Jose también lo extraño, mucho, su ingenioso humor y hasta su temperamento. Cuídame a Hermes, procúrale tranquilidad y sed permisivos con él, que también se lo merece. Se echa en falta su compañía.
Me voy despidiendo, que es hora de dormir. Con esto del cambio horario a ti te quedará poco para despertar. Sigue insistiendo, fantaseando, viajando, enamorándote y charloteando.
¡Que tengas un buen día!*
viernes, 8 de agosto de 2014
Vidas
A veces, la realidad que vives es lo suficientemente irracional como para no tener tiempo de percatarse de nada más.
Hacía un mes que no encendía el televisor -y quizá hubiese sido mejor no hacerlo nunca-.
El telediario mostraba aquellas imágenes, llenas de sufrimiento, crueldad y dolor. Enfrentamientos entre iguales por un pedazo de tierra. Desolación, ruinas, masacre... Se me hacía imposible concebir tanto caos desatado en semanas. Y de un drama a más muerte. Ahora tocaba el turno de unos aviones accidentados: el primero, víctima de otro conflicto político. Vidas llenas de ciencia y progreso, de ilusiones y esperanzas... al fin y al cabo, vidas. Por si la atrocidad humana fuera poco, la naturaleza también se rebela: derrumbes de casas, deslizamientos de tierra, derribo de aviones, regiones anegadas. Vuelta al desastre y la catástrofe. En esta ocasión, el azote a un continente ya de por sí mermado, pobre y olvidado. Parece que la desgracia siempre se cebe con los más desasistidos. El ébola no entiende de razas ni naciones, y la ayuda humanitaria se antoja insuficiente para paliar -una vez más- tanto horror y tanto miedo.
Desde el otro lado del mundo, hay quien se preocupa en criticar la repatriación de un enfermo o en agendar reuniones para discutir el crecimiento económico de su país. Los hay quienes se permiten el lujo de confesarse ladrones y corruptos, y de presumir de sus delitos fiscales.
Aquí, muchos permanecerán ajenos a estas realidades; ya tienen las suyas propias que contar. Son ancianos que mendigan en las calles, pequeños "aparcacoches" que reclaman unos pesos para llevar a casa, madres lactantes que duermen en las aceras... Mafia, corrupción. Calzadas atestadas de basura y escombros. Transportes públicos precarios, y altas tasas de mortalidad por accidentes de tránsito. Desapariciones, violaciones, ajustes de cuentas. Son lugares donde la vida pierde su valor; pero eso -probablemente- a nadie le importe.
Hacía un mes que no encendía el televisor -y quizá hubiese sido mejor no hacerlo nunca-.
El telediario mostraba aquellas imágenes, llenas de sufrimiento, crueldad y dolor. Enfrentamientos entre iguales por un pedazo de tierra. Desolación, ruinas, masacre... Se me hacía imposible concebir tanto caos desatado en semanas. Y de un drama a más muerte. Ahora tocaba el turno de unos aviones accidentados: el primero, víctima de otro conflicto político. Vidas llenas de ciencia y progreso, de ilusiones y esperanzas... al fin y al cabo, vidas. Por si la atrocidad humana fuera poco, la naturaleza también se rebela: derrumbes de casas, deslizamientos de tierra, derribo de aviones, regiones anegadas. Vuelta al desastre y la catástrofe. En esta ocasión, el azote a un continente ya de por sí mermado, pobre y olvidado. Parece que la desgracia siempre se cebe con los más desasistidos. El ébola no entiende de razas ni naciones, y la ayuda humanitaria se antoja insuficiente para paliar -una vez más- tanto horror y tanto miedo.
Desde el otro lado del mundo, hay quien se preocupa en criticar la repatriación de un enfermo o en agendar reuniones para discutir el crecimiento económico de su país. Los hay quienes se permiten el lujo de confesarse ladrones y corruptos, y de presumir de sus delitos fiscales.
Aquí, muchos permanecerán ajenos a estas realidades; ya tienen las suyas propias que contar. Son ancianos que mendigan en las calles, pequeños "aparcacoches" que reclaman unos pesos para llevar a casa, madres lactantes que duermen en las aceras... Mafia, corrupción. Calzadas atestadas de basura y escombros. Transportes públicos precarios, y altas tasas de mortalidad por accidentes de tránsito. Desapariciones, violaciones, ajustes de cuentas. Son lugares donde la vida pierde su valor; pero eso -probablemente- a nadie le importe.
domingo, 27 de julio de 2014
De pedacitos
Arrancó el motor y conectó la música; esa misma que le acompañaría en cada uno de sus viajes.
Del gran arsenal de canciones que poseía, la reproducción se inició con la que probablemente mejor definiría su ser y sentir. Atrás dejaba una ciudad que la había hecho crecer, vibrar... la había conformado como persona.
Adentro, en su pecho, se agolpaban sentimientos de agradecimiento y añoranza. Afuera, sobre el parabrisas, comenzaban a caer aquellas delicadas gotas de lluvia.
El cielo, en aquel momento, también lloraba su partida.
Del gran arsenal de canciones que poseía, la reproducción se inició con la que probablemente mejor definiría su ser y sentir. Atrás dejaba una ciudad que la había hecho crecer, vibrar... la había conformado como persona.
Adentro, en su pecho, se agolpaban sentimientos de agradecimiento y añoranza. Afuera, sobre el parabrisas, comenzaban a caer aquellas delicadas gotas de lluvia.
El cielo, en aquel momento, también lloraba su partida.
lunes, 26 de mayo de 2014
Despedida
Nadie dijo que fuera fácil. Aún hoy se me antoja imposible expresar con palabras el profundo agradecimiento que siento tras estos cinco inolvidables años. He aquí un extracto de lo declarado en una noche llena de sentimientos, recuerdos, emociones y palabras de afecto y amistad:
Murcia, 23 de Mayo de 2014
"¡Buenas noches a todos! Me vais a disculpar por no tener la capacidad innata de una exquisita expresión oral ni el don de palabra, y es que en estos 5 cinco años –y a pesar de que lo he intentado- he dado por perdida la batalla contra el Dr. Herrero. No voy a poder estar a la altura de su oratoria.
Gracias a todos mis resis de Interna, los mayores que ya acabaron, mis “co-erres” y los peques que se quedan, porque no saben de qué manera me han hecho aprender y disfrutar trabajando. Gracias por hacer todo más fácil; por los viajes, las escapadas en bici y los aperitivos. Y gracias, cómo no, a los jefes: Dr. Herrero y Dr. Arribas, por abrirnos las puertas de sus despachos, escucharnos y acompañarnos. Porque siempre se han mostrado accesibles y cercanos.
Murcia, 23 de Mayo de 2014
"¡Buenas noches a todos! Me vais a disculpar por no tener la capacidad innata de una exquisita expresión oral ni el don de palabra, y es que en estos 5 cinco años –y a pesar de que lo he intentado- he dado por perdida la batalla contra el Dr. Herrero. No voy a poder estar a la altura de su oratoria.
No obstante, no quería dejar pasar la ocasión de
agradecer vuestra presencia esta noche, ni considero que deba obviar poner de
manifiesto cuánto y de qué modo habéis formado
parte de mi historia en estos últimos años.
Una historia que comienza allá por mayo de 2009
cuando, tras superar el examen MIR, una andaluza como yo (en su búsqueda y
avidez por el cambio) decide trasladarse a Murcia, una ciudad completamente desconocida
y ajena en todos los sentidos. Ya desde el principio, la acogida fue
inmejorable, permitiendo acomodarme y hacerme hueco sin grandes dificultades.
No resultó difícil la tarea de crear nuevas amistades a mi llegada.
El hospital se convirtió en todo un mundo por
descubrir, y a él agradezco mi formación y crecimiento.
Quisiera, en primer lugar, dar las gracias al
Servicio de Medicina Interna (facultativos, administrativos y personal de
enfermería); que ha sido mi casa y mi refugio durante todos estos años. En él
he descubierto la tenacidad en el trabajo, la dedicación y la auténtica
vocación médica.
Gracias, especialmente, a la Dra. Marín, con ella comencé a dar mis primeros
pasos por la Interna, y es a quien le debo el aprendizaje de los primeros
meses. A las tutoras de residentes, Dra. Gil, Dra. García Orenes, y especialmente a la Dra. Barrio, por su
preocupación, disponibilidad y entrega. Gracias a las compañeras de Paliativos (Dra.
Gandía y Dra. López) y de la Unidad de Cadera (Dra. Cerón), porque colman
diariamente su oficio de una increíble calidad humana y profesional. Gracias a
la Dra. Herranz, Dra. Page y Dra. Vigueras, por compartir tanta ciencia y conocimiento,
por sus exposiciones magistrales y la presentación de casos clínicos que tanto
nos han enseñado. Gracias a los varones de la 1ª fila (Dr. Andreo, Dr. Pretel, Dr. Martínez y Dr. Alemán), por su discreción, sabiduría y buen hacer. Gracias a la
Sección de Infecciosas (Dr. Espinosa, Dr. Bravo y Dra. Carpena), por instruirme,
corregirme y perfeccionarme en la elaboración de la historia clínica y la
exploración física; por las interesantísimas
consultas de VIH y por hacerme correr en todos los sentidos de la palabra. Gracias
al equipo de la UMCE (Dr. Torralba, Dra. Casado y Dra. Llanos) por vuestra
cordialidad y apertura, y por hacerme entender que no sólo la Medicina es un
arte (también la pintura!!).Gracias a todos mis resis de Interna, los mayores que ya acabaron, mis “co-erres” y los peques que se quedan, porque no saben de qué manera me han hecho aprender y disfrutar trabajando. Gracias por hacer todo más fácil; por los viajes, las escapadas en bici y los aperitivos. Y gracias, cómo no, a los jefes: Dr. Herrero y Dr. Arribas, por abrirnos las puertas de sus despachos, escucharnos y acompañarnos. Porque siempre se han mostrado accesibles y cercanos.
Y en cuanto al resto de Especialidades Médicas os
agradezco vuestro interés y disposición, porque siempre he sentido vuestro
apoyo y colaboración, tanto en planta como en las guardias.
Gracias al servicio de Cardiología, y muy
especialmente al Dr. Cambronero y Dr. Martínez Corbalán, que me acompañaron en
mis primeros pasos por esta especialidad, y me introdujeron en el mundo de la
cardiopatía isquémica, las valvulopatías y las cardioversiones eléctricas. Y al
Dr. Giménez, por colarme en su consulta, actualizarme en la insuficiencia
cardíaca y empaparme de ciencia y conocimiento.
Gracias a los neumólogos, a todos sus resis, y muy
especialmente a la Dra. Meca, que primero fue mi co-R y más tarde mi adjunta; por
estar disponible las 24 horas del día y cargar de oxígeno la vida de nuestros
pacientes.
Gracias al servicio de Digestivo, y de forma
especial al Dr. Muñoz, quien me educó para ser minuciosa y detallista;
y quien con paciencia y esmero me explicaba y me ha hecho disfrutar con el
estudio de la hepatología. Y la Dra. Chacón, que me hizo hueco en su consulta
para compartir de primera mano las experiencias de los pacientes con enfermedad
inflamatoria intestinal.
Gracias al servicio de Endocrinología, y muy
especialmente a la Dra. Pascual (Mini), con quien compartí todo un mes de
insulinoterapia, consejos dietéticos y éxitos terapéuticos. No conozco a nadie
mejor que ella para transmitir empatía y ganarse la confianza del paciente. Y
no puedo olvidarme de la Dra. Arjonilla, compañera de trabajo –pero ante todo
amiga-: Gracias por compartir esta aventura conmigo.
Gracias, cómo no, al servicio de Neurología; que se
convirtió en mi segunda casa, haciéndome sentir un miembro más del equipo. Muchas
gracias a la Dra. Contreras, Dra. Martínez-Vidal y Dra. Albert, por su cercanía y amabilidad,
porque son auténtico ejemplo de lucha y trabajo. Gracias al Dr. Alías, Dr. Moreno, Dr. Villaverde y Dr. Fernández, por colmar de humor las jornadas laborales, por sus
buenas palabras. Porque son verdaderos maestros de su Especialidad.
Gracias a la Dra. Gil, Dra. Ureña, Dra. Martínez-Vidal y Dra. López,
porque más allá de lo estrictamente laboral hemos compartido inolvidables
momentos de ocio y encuentro. Con vosotras he cumplido mi sueño de “ser
jinete”, he conocido otros rinconcitos de Murcia y he crecido y aprendido con
cada uno de vuestros consejos. Agradezco vuestra apertura y acogida en este
último año, porque me habéis hecho sentir una más.
Gracias a tantos otros especialistas (Radiólogos,
Reumatólogos, Intensivistas, Microbiólogos, Anestesistas, Alergólogos, Urólogos... y hasta Cirujanos y Traumatólogos), y
personal de Enfermería (mención especial se merecen los enfermeros de las
sextas, las quintas, la 5ªIP, la 4ªDG, la 2ªDP y la 3ªDP) con quienes he compartido
no sólo pacientes, sino momentos de estrés, dudas, risas y cotilleos de pasillo.
Y cómo no, gracias a mi familia, mis padres y
hermanos, porque sin su apoyo, comprensión y ánimo, probablemente no me
encontrara hoy aquí. Gracias por ser el pilar y sustento de mi vida, y
acompañarme a cada paso y en cada una de mis decisiones.
Ahora acaba esta inolvidable etapa en Murcia, pero
tengo la suerte, la ilusión y el reto de comenzar una nueva experiencia laboral
como Coordinadora en un Proyecto de Salud en Bolivia, puesto que se me ofertó y
no he podido rechazar.
Espero volver pronto y encontrarme de nuevo con
todos vosotros, mis queridos compañeros y amigos del Hospital Morales Meseguer."
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