¿Quién no ha deseado alguna vez poseer el don de la ubicuidad? ¿O adquirir acaso la capacidad de teletransporte?
En mi caso, ocurre con tremebunda frecuencia. Y esta aspiración se pone de considerable manifiesto cuando, tras la oportunidad de un viaje, requiero volver a casa. ¡Qué no daría por encontrarme en ella (con las maletas deshechas inclusive)!
Nunca se me antojó tan grande aquel edificio. Pasé el día recorriendo los largos pasillos que comunican ambos pabellones... Y llegó la hora en la que me convertí en el único ser viviente -amén de los ácaros que se asientan en sus suelos- que transitaba por aquellos emplazamientos.
Afortunadamente para mí, asistí puntual a la prórroga. Aunque es conocida mi escasa devoción por el deporte español, sí que me complace presenciar los insignes momentos en que se engendra la historia.
En la era de la tecnología, resulta difícil creer que aún nadie haya creado un artilugio de traslación instantáneo. La "final" promete una tregua laboral; de lo contrario habrá que recurrir a la fantasía mental y a la evasión espacio-temporal (qué remedio!!).
Internista y soñadora. Natural de un lugar llamado mundo. Creciendo, aprendiendo, compartiendo y dejándome sorprender
jueves, 28 de junio de 2012
domingo, 24 de junio de 2012
Escola d'Estiu
Amanece temprano. Son las 5 am, y el solícito taxista ya espera en nuestra puerta para trasladarnos al aeropuerto.
Sant Cugat del Vallès (San Cucufato en castellano... :s) sólo me era conocida por ser centro de los estudios de Televisión Española en Cataluña. En estos días, se convierte además en escuela que acoge y nutre a un grupo de jóvenes procedentes de distintos puntos de la Península; entre los cuales tengo el privilegio de encontrarme. Se trata de crear un espacio que favorezca acrecentar conocimientos y la relación entre alumnos y profesores.
Son cuatro intensas jornadas de sesiones clínico-patológicas, magistrales conferencias, talleres prácticos y puestas en común. Hay cabida para el diálogo, la discusión científica, las experiencias profesionales y las vivencias personales. El comité organizador apuesta desde su inicio por la participación activa y la interactividad entre los asistentes.
Y el programa no defrauda.
Han sido, así mismo, días de convivencia e intercambio. Una oportunidad para compartir risas (muchas risas), comidas, fiesta, costumbres e idiosincrasia.
Barcelona vuelve a convertirse en lugar de encuentros y reencuentros. Centro neurálgico de nuevas amistades e inolvidables recuerdos... Quizá por ello es tan difícil despedirse de ella.
La mágica e incandescente noche de San Juan pone cierre a la semana. Entre destellos y pólvora asistimos -atónitas - a un particular juego de cartas.
La brisa del mar nos devuelve la ilusión. Entierro mis pies bajo la fría arena con la certeza de saber que si "no hay 2 sin 3", tampoco puede haber tres sin cuatro.
Sant Cugat del Vallès (San Cucufato en castellano... :s) sólo me era conocida por ser centro de los estudios de Televisión Española en Cataluña. En estos días, se convierte además en escuela que acoge y nutre a un grupo de jóvenes procedentes de distintos puntos de la Península; entre los cuales tengo el privilegio de encontrarme. Se trata de crear un espacio que favorezca acrecentar conocimientos y la relación entre alumnos y profesores.
Son cuatro intensas jornadas de sesiones clínico-patológicas, magistrales conferencias, talleres prácticos y puestas en común. Hay cabida para el diálogo, la discusión científica, las experiencias profesionales y las vivencias personales. El comité organizador apuesta desde su inicio por la participación activa y la interactividad entre los asistentes.
Y el programa no defrauda.
Han sido, así mismo, días de convivencia e intercambio. Una oportunidad para compartir risas (muchas risas), comidas, fiesta, costumbres e idiosincrasia.
Barcelona vuelve a convertirse en lugar de encuentros y reencuentros. Centro neurálgico de nuevas amistades e inolvidables recuerdos... Quizá por ello es tan difícil despedirse de ella.
La mágica e incandescente noche de San Juan pone cierre a la semana. Entre destellos y pólvora asistimos -atónitas - a un particular juego de cartas.
La brisa del mar nos devuelve la ilusión. Entierro mis pies bajo la fría arena con la certeza de saber que si "no hay 2 sin 3", tampoco puede haber tres sin cuatro.
martes, 19 de junio de 2012
Consul-storias
Allí, sentada junto a mi adjunto, asisto impresionada a uno de los mejores recitales de poesía. Versos que fluyen a voluntad, e impregnan la pequeña consulta de asombro y fascinación. ¡¡Jamás percibí tanto arte y talento ajeno!!
De la misma manera, presencio -cual fiel espectadora- interesantes conversaciones acerca de la huerta y sus productos. Qué cultivar en qué tiempo y fecha; qué abonos emplear para fortalecer y acelerar el crecimiento de los cultivos.
Las manos y rostros de quienes por allí pasan reflejan el sufrido trabajo y el castigo de los años.
Octagenarias señoras acuden semestralmente a la revisión "del riñón". Son fervientes devotas de un doctor que las sigue desde hace décadas, y conoce cada una de las historias que encierran.
Algunas pavonean orgullosas sus "kilotos" de más. Otras se esmeran en apropiarse de síntomas de los que carecen.
También hay tiempo para la Medicina. La consulta se convierte en un incesante tráfico de patología particular.
Entra el siguiente paciente; sólo se acercaba a saludar...
A lo largo de la mañana discurre una veintena de personas por la diminuta sala. Son crónicas diarias de una realidad actual y cercana. Personas con miedos, preocupaciones y ansias de lucha.
Son, en definitiva, auténtico ejemplo de esfuerzo y superación.
De la misma manera, presencio -cual fiel espectadora- interesantes conversaciones acerca de la huerta y sus productos. Qué cultivar en qué tiempo y fecha; qué abonos emplear para fortalecer y acelerar el crecimiento de los cultivos.
Las manos y rostros de quienes por allí pasan reflejan el sufrido trabajo y el castigo de los años.
Octagenarias señoras acuden semestralmente a la revisión "del riñón". Son fervientes devotas de un doctor que las sigue desde hace décadas, y conoce cada una de las historias que encierran.
Algunas pavonean orgullosas sus "kilotos" de más. Otras se esmeran en apropiarse de síntomas de los que carecen.
También hay tiempo para la Medicina. La consulta se convierte en un incesante tráfico de patología particular.
Entra el siguiente paciente; sólo se acercaba a saludar...
A lo largo de la mañana discurre una veintena de personas por la diminuta sala. Son crónicas diarias de una realidad actual y cercana. Personas con miedos, preocupaciones y ansias de lucha.
Son, en definitiva, auténtico ejemplo de esfuerzo y superación.
viernes, 27 de abril de 2012
De aquéllo que importa
En ocasiones, la vida te enfrenta a determinadas circunstancias que te hacen re-descubrir la importancia de las cosas. Es entonces cuando te das cuenta de que aquel roce en el coche, el mismo que te tuvo un par de noches en vela y más de una mañana descentrada de tu quehacer laboral, pasa a ser una auténtica nimiedad.
Afortunadamente, mi trabajo me ofrece en este sentido un continuo contacto con la dicotomía vida-muerte. Una oportunidad de reflexión constante acerca de la trascendencia de todo cuanto vivimos.
En este sentido, no puede ser fácil para una familia perder a un miembro de tan sólo 21 años como consecuencia de una hemorragia cerebral causada por una malformación arterio-venosa. Como tampoco debe resultar sencillo para un médico solicitar en este estado la donación de los órganos del paciente y, más aún, enfrentarse a la negativa familiar. Y es que, en esta ocasión, una muerte podría haber concedido múltiples vidas...
Así mismo, nunca te acostumbrarás al dolor ajeno; aunque aprendas a sobrellevarlo. Ni -por supuesto- dejará de impresionarte la noticia sobre el óbito premeditado de un conocido.
Vivir de manera intensa y entusiasta es cuanto nos queda. Aprendamos a valorar nuestro día a día; y a nosotros mismos como parte indispensable de este mundo.
Afortunadamente, mi trabajo me ofrece en este sentido un continuo contacto con la dicotomía vida-muerte. Una oportunidad de reflexión constante acerca de la trascendencia de todo cuanto vivimos.
En este sentido, no puede ser fácil para una familia perder a un miembro de tan sólo 21 años como consecuencia de una hemorragia cerebral causada por una malformación arterio-venosa. Como tampoco debe resultar sencillo para un médico solicitar en este estado la donación de los órganos del paciente y, más aún, enfrentarse a la negativa familiar. Y es que, en esta ocasión, una muerte podría haber concedido múltiples vidas...
Así mismo, nunca te acostumbrarás al dolor ajeno; aunque aprendas a sobrellevarlo. Ni -por supuesto- dejará de impresionarte la noticia sobre el óbito premeditado de un conocido.
Vivir de manera intensa y entusiasta es cuanto nos queda. Aprendamos a valorar nuestro día a día; y a nosotros mismos como parte indispensable de este mundo.
sábado, 14 de abril de 2012
Nuevos Horizontes
De nuevo frente al cambio. Ese inseparable aliado que se niega a abandonarme.
Con cada una de sus llegadas resurgen la incertidumbre y la reticencia. La desgana por dejar la seguridad de mi conocido entorno y la motivación de profundizar en una nueva experiencia.
Ésta no iba a ser menos. Y es que ya desde por la mañana temprano, tener que coger el coche supone una ruptura con mi anterior rutina. La sensación de libertad y autonomía me envuelve desde que amanece.
Mi comienzo fue desde el primer momento considerado y cordial. Allí, en medio de aquel edificio mastodóntico -centro de referencia de gran parte de nuestra región-, llegué tímidamente; con la cautela de quien cree encontrarse en tierras hostiles. Un desconocido mundo se abría ante mí.
Apenas son necesarios unos días para percibir que en medio del caos hay manos que acompañan y protegen; que el anonimato invita a sincerarse y sostener conversaciones llenas de esencia y afecto; que hay quienes, igual que tú, luchan por "sobrevivir" en un ambiente extraño y encuentran en las palabras alivio y consuelo.
Es el mismo tiempo que inviertes en aprender a valorar tu ámbito, tus recursos, tu pequeño universo.
Con cada una de sus llegadas resurgen la incertidumbre y la reticencia. La desgana por dejar la seguridad de mi conocido entorno y la motivación de profundizar en una nueva experiencia.
Ésta no iba a ser menos. Y es que ya desde por la mañana temprano, tener que coger el coche supone una ruptura con mi anterior rutina. La sensación de libertad y autonomía me envuelve desde que amanece.
Mi comienzo fue desde el primer momento considerado y cordial. Allí, en medio de aquel edificio mastodóntico -centro de referencia de gran parte de nuestra región-, llegué tímidamente; con la cautela de quien cree encontrarse en tierras hostiles. Un desconocido mundo se abría ante mí.
Apenas son necesarios unos días para percibir que en medio del caos hay manos que acompañan y protegen; que el anonimato invita a sincerarse y sostener conversaciones llenas de esencia y afecto; que hay quienes, igual que tú, luchan por "sobrevivir" en un ambiente extraño y encuentran en las palabras alivio y consuelo.
Es el mismo tiempo que inviertes en aprender a valorar tu ámbito, tus recursos, tu pequeño universo.
viernes, 24 de febrero de 2012
¿Quién soy?
Supongo que a más de uno le ocurrirá que desearía saber, no tanto la opinión de los demás hacia él, como sí la imagen que da al resto de personas con las que se relaciona. Los gestos, las palabras, la indumentaria; la manera de actuar.
A mí me pasa. Y es que no puedo evitar esbozar una sonrisa cuando se me relaciona -así de visu- con determinados grupos sociales o ideologías. ¡¡Y eso que no acostumbro a hablar de política!!
Hoy me crucé con dos personas que andaban paseando sus perros: una venerable anciana y un joven punky de ropa zarrapastrosa. Ambos se encontraban inmersos en una entretenida conversación acerca -obviamente- de sus respectivos canes. Dos generaciones, dos estilos diferentes. En otras condiciones, apuesto que la señora hubiese cambiado de acera al encontrarse a este tipo. Pero "si tiene perro, no debe ser mala persona", solemos pensar.
No son pocas las ocasiones en las que percibo cierto "feeling" con gente que me intuye de una forma que no necesariamente tiene por qué corresponderse con la realidad. Sin dejar de ser nosotros mismos, la proyección que hacemos en los demás influye de manera notoria en las relaciones interpersonales.
Y tú, ¿quién crees que eres?.
A mí me pasa. Y es que no puedo evitar esbozar una sonrisa cuando se me relaciona -así de visu- con determinados grupos sociales o ideologías. ¡¡Y eso que no acostumbro a hablar de política!!
Hoy me crucé con dos personas que andaban paseando sus perros: una venerable anciana y un joven punky de ropa zarrapastrosa. Ambos se encontraban inmersos en una entretenida conversación acerca -obviamente- de sus respectivos canes. Dos generaciones, dos estilos diferentes. En otras condiciones, apuesto que la señora hubiese cambiado de acera al encontrarse a este tipo. Pero "si tiene perro, no debe ser mala persona", solemos pensar.
No son pocas las ocasiones en las que percibo cierto "feeling" con gente que me intuye de una forma que no necesariamente tiene por qué corresponderse con la realidad. Sin dejar de ser nosotros mismos, la proyección que hacemos en los demás influye de manera notoria en las relaciones interpersonales.
Y tú, ¿quién crees que eres?.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Lo que quiero ahora
Porque, afortunadamente, hay sentimientos comunes y personas capaces de transmitirlos, de una manera hermosa y sencilla.
"Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo."
"Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo."
Ángeles Caso, Premio Planeta con la Novela Contra el viento
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

